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HABLEMOS MENOS Y DEMOS MÁS DE QUÉ HABLAR

Hay marcas que siguen hablando sin darse cuenta de que nadie las escucha. Tienen la cara tapada por su propio megáfono y no ven que el público ya ha abandonado la sala. Y el problema no está en que no tengan algo bueno que decir, sino en que ya no basta con decirlo.

Hoy, el posicionamiento de una marca se define por sus acciones. Tanto lo que hace como lo que no genera conversación. Ya lo dijo Carl G. Jung incluso antes de la década de los 60: “Eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer”. Los consumidores comentan, comparten, critican, y su voz tiene cada vez más peso a la hora de construir su reputación. Tanto, que hemos perdido el control de las marcas. Han pasado a ser de todos y, a la vez, de nadie. Unos las crean, otros las lanzan y otros las hacen crecer, en el tiempo, en los distintos medios y de forma global.

Ha llegado el momento de que el relato de marca dé un paso más. Y ya no hablamos del dicho al hecho, sino de hacer para decir. Para que digan. De este modo, las marcas deben crear valor más allá de sus productos o servicios. Deben empatizar con una necesidad real o un tema de interés común con su target. En definitiva, deben encontrar su propósito. La razón por la que estar en el mundo y por la que, como consumidores, las sigamos, las apoyemos y las escuchemos, sin necesidad de que se queden afónicas.

Eso es lo que marca la diferencia entre contar una historia o hacer historia. Los discursos de marca se vuelven creíbles cuando se hacen tangibles. Cuando se transforman en acciones, experiencias y productos. Según Fernando Vega Olmos: “Hay que dejar de hacer que la gente quiera cosas y pasar a hacer cosas que la gente quiera”. Hay que ser relevantes. Y para ello hay que tener verdad, consistencia y coherencia. Solo así la marca conecta emocionalmente con su consumidor y puede recuperar la confianza que hace tiempo este perdió en la publicidad.

Porque no hay mejor manera de definir lo que somos que mostrándolo. Dicho de otro modo: hablemos menos y demos más de qué hablar.

 

Por Lorena Megías – Copywriter.